Cuando extendimos por primera vez la plataforma de datos de Qumulo a la nube pública, nuestra tesis era sencilla. Creíamos que las empresas utilizarían la nube como una extensión natural de sus centros de datos, principalmente para dos cargas de trabajo de baja intensidad: copia de seguridad de datos no estructurados en un modelo híbrido, y archivo a largo plazo utilizando servicios como Glacier Instant Retrieval, emparejado con el nivel frío de Qumulo Cloud Native, para proporcionar una forma altamente duradera pero rentable de mantener los datos siempre en línea. El supuesto era que la nube sería una red de seguridad barata y resistente para las clases menos críticas de datos empresariales.
La realidad ha sido la contraria. En la actualidad, más de la mitad de nuestros clientes de la nube no empiezan con cargas de trabajo de copia de seguridad o archivo. Empiezan con el nivel caliente: sus datos más valiosos, sensibles al rendimiento y críticos para el negocio. Estos son los conjuntos de datos de los que dependen las empresas para la innovación, el análisis y el razonamiento de IA. La razón es sencilla: en la nube, los datos no son sólo almacenamiento inerte, sino el combustible para la computación. La nube pública ofrece un modelo de utilidad de capacidad computacional disponible al instante, distribuida globalmente e infinitamente elástica. En lugar de esperar meses para montar infraestructuras especializadas -centros de datos, redes y configuraciones informáticas exóticas-, los clientes pueden llevar sus datos más valiosos a la nube y colocarlos directamente junto a clústeres de GPU, aceleradores de IA y motores analíticos a hiperescala que están disponibles bajo demanda.
Esta inversión del comportamiento ha reconfigurado la forma en que las empresas conciben la estrategia híbrida y multi-nube. Ahora vemos cómo los clientes utilizan nuestro Cloud Data Fabric para transmitir activamente datos desde sus centros de datos locales a tres o cuatro nubes públicas distintas de forma simultánea. No lo hacen por redundancia, sino para explotar selectivamente las ventajas computacionales diferenciadas de cada proveedor de nube. Una empresa de servicios financieros puede elegir Azure para análisis de nivel normativo, AWS para formación de IA, GCP para flujos de trabajo de ciencia de datos y OCI para HPC, todo a la vez, porque Qumulo puede poner sus datos al alcance de cada uno de esos entornos sin que la empresa pierda soberanía o control.
Esta perspectiva contrasta fuertemente con voces como la de Michael Dell, que en 2018 afirmó que "hasta el 80% de los clientes de todos los segmentos... están informando de que están repatriando cargas de trabajo de vuelta a los sistemas locales debido al coste, el rendimiento y la seguridad" Aunque esta afirmación puede haber tenido fuerza retórica en la primera oleada de adopción de la nube, describe erróneamente la naturaleza de lo que realmente se está repatriando. En nuestras conversaciones con clientes y colegas del sector, las cargas de trabajo que tienden a volver a los entornos locales no son los conjuntos de datos calientes y de cálculo intensivo. Son las copias de seguridad. Por su diseño, las copias de seguridad son frías, estáticas e inertes desde el punto de vista computacional (requieren mucho almacenamiento, pero no mucho rendimiento). Retirar esas cargas de trabajo es, en el mejor de los casos, un ejercicio de optimización de costes, no la prueba de un éxodo masivo de la innovación empresarial de la nube pública.
Incluso más recientemente, Dell ha argumentado que "la inferencia de IA en las instalaciones, donde ya se encuentra el 83% de los datos, es un 75% más rentable que depender de la nube pública de otra persona." El problema de esta afirmación es que confunde la ubicación de los datos almacenados con el lugar donde realmente se crea valor. Las empresas no trasladan sus conjuntos de datos más valiosos a la nube para reducir sus costes de almacenamiento; lo hacen para desbloquear el acceso inmediato a la computación elástica a escala global. La nube se ha convertido en el lugar donde residen las cargas de trabajo más innovadoras precisamente porque la computación -no el almacenamiento- es el recurso escaso y diferenciador. La rentabilidad no puede reducirse a céntimos por gigabyte; debe medirse por la velocidad a la que las empresas pueden razonar sobre sus datos y actuar.
La inversión de nuestra tesis original subraya una profunda verdad del mercado: la nube no es simplemente un punto final de almacenamiento. Es una frontera computacional. Los datos más importantes migrarán allí donde se pueda actuar sobre ellos con mayor potencia. Por eso la arquitectura de Qumulo -cualquier dato, cualquier ubicación, control total- está resonando con tanta fuerza en todos los sectores. Nuestros clientes no ven la nube frente a las instalaciones como una elección binaria. Están adoptando una estructura de datos fluida en la que las cargas de trabajo de valor intensivo fluyen hacia las nubes que mejor se adaptan a ellas, mientras que los archivos sensibles a los costes encuentran un hogar duradero en entornos híbridos o locales.
Esta es la nueva forma de la TI empresarial. El futuro no pertenece a los silos de datos estáticos, sino a los tejidos de datos universales donde los conjuntos de datos activos se mueven a la velocidad de la innovación, la computación se consume como una utilidad, y los datos más valiosos residen en los lugares donde las empresas pueden extraer el mayor valor. Ese futuro ya está aquí, y Qumulo se enorgullece de ser la plataforma que lo hace posible.